17 de Febrero 2020

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La Agencia Berrozpe, camino al cincuentenario

N ació como un negocio de obsequios para el hombre, sobre todo en el rubro tabaquería, y poco tiempo después se convirtió en una de las más emblemáticas agencias de lotería. En este nuevo envío de “Así se hizo mi empresa”, la sección que promueve la Cámara Empresaria de Tandil, Belén Berrozpe nos cuenta la historia del comercio que en 1971 fundó su padre, José Berrozpe y que hoy sigue siendo un negocio familiar.
-¿Cómo empezó esta historia?
-Papá tenía la confitería Rex. Después la vendió, falleció su cuñado y tenía una relación de vecindad con un hombre de apellido Ríos que tenía una agencia de lotería en calle Sarmiento. Creemos que hubo un ofrecimiento para que papá incorporara a su negocio el tema de la agencia. En ese momento él había arrancado con una tabaquería que se llamaba Man Center, dedicada a la venta de regalos para hombres como pipas, tabaco, encendedores. También vendía los maletines de fichas del casino Estamos hablando del año 1971.
-¿Y la tabaquería y la agencia cuánto tiempo compartieron?
-No recuerdo bien, yo era chica, pero a este negocio lo conocí como Man Center. Y lo conocí porque para nosotros la calle 9 de Julio era nuestro mundo. Mamá tenía en 9 de Julio al 300 su instituto de inglés y un kiosco adelante. Y en 9 de Julio al 400 teníamos la librería Rey Arturo y papá estaba acá, en la agencia. Y también en esta calle teníamos nuestra casa de familia. Yo hasta que me casé viví en el centro. Como Man Center era el socio número 1 de la Cámara y lo seguimos con la agencia. Tal vez a principios de los 80 ya quedó solamente con la agencia de lotería.
-¿Y en qué momento se suma Esteban?
-Tenía veinte años o un poco más. Se sumó cuando cerró la librería Rey Arturo donde un poco trabajamos todos. Y yo que siempre había cubierto vacaciones empecé de a poco, cubriendo licencias de Silvia, que está acá hace 28 años. Hasta que me quedé, en agosto de 2012, tras el fallecimiento de Esteban. Y sigue siendo un negocio familiar, obviamente.
-¿Los clientes fueron cambiando con el tiempo? ¿En la mentalidad, en la forma?
-Cambia todo. Para mí este es un negocio muy particular. Esteban siempre lo definía perfecto. Este es un negocio donde uno vende lo mismo que vende el otro, al mismo precio que el otro, de la misma calidad que el otro agenciero. Y lo que te salva a veces es la atención. Pero el cliente en este rubro no es un cliente específico. Por supuesto que hay clientes de años, que hace 40 años hacen el mismo Quini 6, pero también está el cliente que sigue a todas las agencias. Y también existe el cliente ocasional.
-¿Antes había otro tipo de fidelidad, tal vez por superstición?
-No sé. Cierto es que un rubro que presta atención a esas cosas, como la suerte, etc. En cuanto a la confianza de que el cliente sabe que de uno le va a recibir la boleta, bueno, eso lo hacen todos porque es obvio: si no la reviso y el cliente ganó, él perdió su premio pero yo también.
-¿Recordás algún episodio en especial?
-En el año 95 vendimos el Quini 6. Fue una situación tremenda. Generalmente la gente se entera antes que uno que salió la boleta. En esa oportunidad habíamos vendido el primer premio: 1 millón de pesos, una fortuna. Llega una persona conocida, que ya falleció, que además jugaba mucho en el Club Español. Viene el hombre, habla con Esteban y pide absoluta reserva. El motivo de la reserva que pedía era porque estaba separado y no divorciado, entonces iba a tener que compartir el premio. Nos pidió que por favor no digamos nada. Nunca revelamos una palabra, porque además no nos interesa. A partir de que la gente se enteró que lo habíamos vendido acá, y esto pasa en todos lados, vienen a preguntarte quién es, qué hace, si ya cobró. Es así, eso pasa siempre. No dijimos nada, por supuesto, y además el ganador cuando gana un premio mayor no tiene por qué pasar por la agencia. Va y le pagan en Lotería directamente. Lo cierto es que mantuvimos absoluta reserva y al otro día vemos que el hombre va a la televisión y cuenta que se había ganado un millón de pesos…
-No se explica…
-Sí, tiene explicación. Hay una teoría, que es mía. Yo creo que si vos te ganás semejante premio no soportás no decirlo. Es una presión interna que tiene y finalmente se cuenta.
-¿Actualmente juega más o menos la gente?
-El mito afirma de que cuando hay crisis la gente juega más. Pero en verdad la gente juega menos. Si antes hacías cinco Quini 6 hoy te cuidás y hacés tres. Es así.
-¿En casa de herrero cuchillo de palo?
-Sí, acá nadie juega. Solamente conservamos un Loto y un Quini que hacía mi papá con los números que tenían los nacimientos de sus hijos. Y nada más.

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