13 de Enero 2020

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PEKITA’S, EL MUNDO DE LOS JUGUETES

E n 1992 Liliana Schonfeld tomó una decisión sin paso atrás: crear una juguetería. En este nuevo envío de “Así se hizo mi empresa”, la sección que promueve la Cámara Empresaria de Tandil, Liliana cuenta la historia de una de las jugueterías más tradicionales de la ciudad.
-La pregunta es de rigor y alude a cómo empezó todo esto que vemos hoy: tu comercio de la calle San Martín híper poblado de juguetes.
-Empecé en un local que estaba en Rodríguez al 800. Con el papá de mis hijas teníamos un negocio donde vendíamos electrónica y un proveedor había traído una importación de juguetes. Y me lo ofreció. Acepté y los vendí a todos, era una época donde no había nada en importación. Y me entusiasmó mucho, me encantó el rubro. Así que empecé a pensar cómo podía hacer para vender juguetes. En esos días me encontré con otro proveedor que vendía juguetes en un colectivo. Le dije que estaba interesada, le empecé a comprar y abrí una juguetería al lado del negocio de electrónica. Ahí estuve unos años porque yo lo que quería era venir al centro.
-¿Ya tenía el nombre de Pekita’s?
-Sí, claro, apenas lo abrí. Buscaba nombres, no sabía qué nombre ponerle y recordé que cuando era una niña tenía muchas pecas, pues en la familia éramos todos descendientes de alemanes pecosos. Y de ahí saltó el nombre pero con K. Yo misma le hice el logo.
-¿Había mucha competencia por esa época?
-Estaba “Arco Iris y “Novedades 1000”. Necesitaba venir al centro pero no había ningún local libre. Tenía la decisión hasta de la calle donde quería llevar el negocio: San Martín. Hasta que un día me encontré con Manuel Martínez, lo consulté y me dijo que había un local justamente sobre calle San Martín entre Rodríguez y 9 de Julio donde había una mercería que se estaba yendo. O sea aquí mismo. Pero bueno, necesitaba dinero. Así que le pregunté a mi papá. Me preguntó cuánto precisaba y le dije 500 dólares, en calidad de préstamo. Así empecé. En este local estoy desde 1995, hice la mudanza en el mes de julio estando embarazada y abrí para el Día del Niño.
-¿Y cuál sería la identidad, la marca de estilo, de Pekita’s?
-Y de a poco se ha ido convirtiendo en un clásico, una tentación para los chicos que siempre quieren ver nuestra vidriera. Trascendió tanto la marca que a mí la gente me dice Pekita’s, es decir aquellos que no saben mi nombre.
-Y a la vez te tocó una transición importante en cuanto al cambio en la modalidad del juguete.
-Sí, terrible. Porque además en una época la moda fue el juguete de todo por dos pesos. La tuve que remar muchísimo y en un momento me pregunté qué hacer: o me dedicaba al juguete de todo por 2 pesos, o me enfocaba en el juguete de más valor, de mejor calidad. Y me arriesgué. Fue una decisión, no quería bajar el estilo ni la calidad. Pero tuve que pelearla porque yo compraba un producto en 2 pesos y a la semana estaba en 80 centavos, y así sucesivamente. Fueron épocas duras.
-Respecto a la cuestión de género tan dominante en este tiempo, ¿cambió el formato del juguete clásico, de la muñeca y el autito como estereotipos de lo femenino y lo masculino?
-Para ciertas personas sigue siendo lo mismo, para otras no. Hace bastante que a las nenas les gusta jugar con el auto a radio control y que a los nenes les gusta la cocinita. La gente grande naturalmente es la más conservadora. Lo que sigue siendo igual son los moños: rosa y celeste. Yo empecé a cambiarlo en rojo y azul, pues no veo la diferencia en colores como tampoco en juguetes para nenas y nenes. Siempre hice mucho hincapié en eso. Hoy las fábricas también están empezando a modificar los colores, es algo que va a ir cambiando a lo largo del tiempo.
-¿Y el juguete en sí mismo cambió? La pregunta tiene que ver con la sofisticación del juguete moderno y el margen que le queda al niño para la imaginación.
-A los chicos les gusta jugar, tienen mucha imaginación y lo que sucede es que ahora hay muchas películas, con lo cual hay una disposición a la escenografía. También sigue existiendo el Rasti y los Mil ladrillos, con lo cual los chicos hacen sus casitas, como siempre.
-¿Cuál fue el juguete más fiel en términos de venta?
-En su época Rambo en todas sus variantes, las Tortugas Ninjas, que vendimos muchísimo y los Caballeros del Zodíaco, que eran de metal y muy caros.
-Lo último: ¿cómo se sobrelleva esta etapa tan difícil para el comercio con inflación, recesión y todo lo que se viene viviendo?
-Ha sido muy duro. Desde hace cuatro años cada año vendemos menos. Tengo tres empleadas y no hay refuerzos, como antes. Nosotros hacemos muchas promociones, descuentos y la buena atención que sigue siendo algo fundamental. Y nunca dejé de comprar mercadería, compro todo, soy una adicta al momento de comprar. Tener todo, disponer de un gran surtido con juguetes muy diferentes, también es muy importante. Pero más allá de la diversidad del stock, lo que la gente busca es el buen trato, la cordialidad, el respeto. Esto también es Pekita’s.

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