26 de Diciembre 2019

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Así se hizo mi empresa: Mario Basso de AUROLIMP

A SÍ SE HIZO MI EMPRESA

Mario Basso: “Empezamos en el cementerio y
terminamos en Recoleta”

En esta entrega de “Así se hizo mi empresa”, la sección dedicada a los emprendedores que promueve la Cámara Empresaria de Tandil, entrevistamos a Mario Basso. Hace 31 años compró el fondo de comercio de Aurolimp, en la frontera distante de lo que por entonces eran los suburbios de la ciudad lindante con el Cementerio Municipal. A fuerza de trabajo y codo a codo con su esposa Miriam, la pequeña empresa creció al unísono de la ciudad.
-Hay una pregunta de rigor y es cómo empezó esta historia.
-Yo trabajaba con mi viejo en la pizzería Mafalda, allí en San Martín y Alem. Y esas cosas que uno tiene de joven donde se busca progresar. En 1988 tenía un gran ímpetu por hacer. Y un día me enojé con mi padre porque un Día de la Madre íbamos a almorzar en casa. Pero mi padre se negó a cerrar el negocio, teníamos el famoso postre Mafalda a la venta. Me enojé. Y justo había un señor que nos llevaba al negocio lavandina y detergentes, de apellido Ulloa. Venía temprano y se tomaba unos mates con nosotros. Y un día dijo que estaba cansado de levantar bidones y que vendía el negocio. Se trataba de este lugar donde estamos ahora. Había cuatro tanques de fibrocemento, esqueletos de botellas porque en aquel momento la lavandina y el detergente se envasaban en botellas como las de vino. Tenía muy poco, en ese entonces había dos comercios de Tandil en el rubro. Ulloa y un hombre en Perón al 1700. Y se me ocurrió comprarle el negocio. No tenía ni idea del rubro. Lo único que sabía era que en el verano a las piletas se le echaba el cloro, porque toda la vida había estado en el Club Ferro.
-Digamos que fue como una inspiración.
-Me tenía que tocar… Vine a ver el lugar, a ver qué movía. Tenía cero administración, ni facturas, nada. El hombre metía la mano en el bolsillo y pagaba. Cuando compré a la mañana entró una persona y a la tarde aflojó un poco…jajaja. No entró nadie, literal. Teníamos unos ahorros con mi señora, más el auto y un par de cuotas y compramos la llave del fondo de comercio. Y le alquilaba el galpón al hermano de Ulloa. Pero el hombre me puso dos condiciones para venderlo. Una que no le cambiara el nombre al negocio y la otra que lo dejara seguir viniendo.
-¿A qué?
-A estar acá, porque él no tenía nada que hacer. Así que venía a las siete de la mañana, barría el lugar, regaba, era su vida estar acá. Todavía estaba la avenida finita, era todo tierra hasta que llegabas al asfalto. El negocio ya se llamaba Aurolimp y con el tiempo, cuando entramos en confianza, supe por qué había condicionado la operación a que le dejara el nombre que tenía. Aurora se llamaba una mujer que no era de acá y que este hombre, Juan, se había enamorado. Así que el nombre siguió desde ese momento y hasta hoy. Como le dije, empezamos con mi señora en 1988. Yo tenía entonces mucha vinculación con todos los clubes porque era árbitro de básquet, con lo cual llegué muy fácil a todas las comisiones directivas para la venta de cloro para las piletas, de modo que ese primer verano fue bueno. Y después cerrábamos a la tarde, tipo cinco. Habíamos comprado una camioneta muy precaria para el reparto, con la ayuda económica de mi padre y de mi suegra. Y salíamos con mi señora que preparaba bidones de lavandina, detergente y desodorante. Salíamos a vender, por ejemplo hacíamos las avenidas de punta a punta, en comercios chicos, carnicerías verdulerías, y así íbamos vendiendo estos tres productos. No había más nada para vender en ese momento. Al poco tiempo empecé a agregar artículos. Trapos de piso, rejillas. Me pedían dos y compraba cinco. Brasil era angosta con tres focos en cada cuadra, un total descampado. Había al lado una fundición de placas para el cementerio.
-¿Tenía conciencia de que se había instalado a metros del camposanto?
-Nunca miré nada. Fue el impulso que tuve ese momento.
-¿Y cuándo el negocio le hace un click?
-El negocio empezó a caminar y yo me di cuenta que el mercado tenía otras necesidades. Era joven y emprendedor, así que empecé a investigar dónde se compraba. Después seguí comprando con mayoristas de Buenos Aires, hasta que se hizo la rueda y me empezaron a visitar las empresas. Traje toda la línea de limpieza básica y después del 2000 aparecen innovaciones. En verdad no sé si cambió la cultura de la gente o yo fui entrando en algo que no conocía y que había mucho mercado, como la línea de los dispenser para los jabones de mano, el papel higiénico, que hoy tenés en cualquier restaurante y antes en algunos lugares era un lujo. De a poco fui agregando cosas y eso mismo me fue llevando a entrar en el sector institucional, sanitario, todo lo vinculado a clínicas y hospitales con productos más específicos. Y con mi señora al lado siempre, empujando el carro. Ella ahora hace una parte importante que es la cobranza, más todo lo demás. Yo hay cosas en la que no soy paciente, como la cobranza.
-¿Cuántos empleados tiene?
-Cuatro empleados.
-¿Qué desafío le queda por delante?
-Y bueno, después de todo lo que hemos pasado y estamos pasando con la economía, el desafío es mantener el negocio. Me considero un privilegiado pudiendo sostener toda la estructura, en especial los cuatro empleados durante todo el año porque son familias constituidas, con hijos. Para mí los empleados no son un número o un legajo. Son familias que siento sobre mi espalda. Y tuve la suerte de tener siempre muy buenos empleados, y así ha sido la respuesta de ellos. Aquí es permanente el elogio de los clientes a los empleados, y yo valoro muchísimo que ellos tengan la camiseta puesta, que es algo muy importante. El desafío es sostener todo lo conseguido.
-¿Cuánto le ayudó Tandil en todo esto?
-Por lo que dicen los proveedores y los viajantes Tandil es una isla. Ha tenido una potencialidad tremenda . La ciudad ha crecido muchísimo. Eso siempre ayuda. Y por suerte hemos logrado entrar en todos los ambientes.
-Y ahora tiene el distribuidor. ¿Qué le dio? ¿Estética, mejor flujo en el tránsito?
-La zona era y sigue siendo complicada, de mucho tránsito. Estéticamente es mucho mejor y funcionalmente también, aunque se perdió espacio de estacionamiento. Además ahora se ha dado que esto es como un minicentro comercial. Nuestra cuadra tiene la florería, la farmacia, los mercados más lo que se instaló ahora en la esquina, tipo un fat food fijo, es impresionante a la tardecita lo que está trabajando. Esto era inimaginable en los 80. Con el tiempo y viendo cómo se dio todo podríamos decir que nosotros arrancamos en el cementerio de Tandil y hoy estamos en Recoleta.

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