26 de Noviembre 2019

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10x10: Sandra Maqueira - El futuro, a un lado y otro de la barra

Desde un lugar más apacible de la noche, la figura icónica de los boliches tandilenses propone una ciudad donde todos tengan la chance de estar de un lado y otro del mostrador, cualquiera sea la actividad. Y plantea actuar ya mismo ante ciertos impuestos “delirantes”.



Trabajó de empleada y al tiempo supo ser dueña de boliches que hicieron historia. Hoy vive de negocios gastronómicos y pasa buena parte de su tiempo en la organización de eventos en su local. Desde ese recorrido Sandra Maqueira plantea su visión del Tandil de la próxima década: más posibilidades para todos, pero también más conciencia.

-Empecemos por lo más cotidiano: tránsito; ¿Qué haría?

-Volvería con el estacionamiento a ambos lados.

-Hablamos de la ciudad del Bicentenario, de una década hacia delante, ¿y plantea volver al pasado?

-Y, a veces las fuentes son mejores. Pero bueno, mi enfoque tiene que ver con lo que me toca vivir por mi trabajo, que generalmente es de noche. Igual me parece que habría que rever lo que pasa en el día, por no encontrar lugar para estacionar suelo verme obligada a hacer un circuito que no preveía y al final sigo, voy a comprar a otro lado. No es bueno para el comercio del centro. Y no creo que eso me pase a mí nomás.

-¿Cómo se podría relanzar la actividad comercial?

-Reviendo los alquileres. Es necesaria una regulación, la oferta de locales en el centro está concentrada en pocos propietarios, son en definitiva quienes establecen el valor del alquiler. Hay que tomar conciencia y avanzar con una regulación que cotice el valor real de los locales. Parece no haber registro de que detrás de un negocio que abre hay nuevos puestos de laburo.

Obvio que el comercio también está mal por otras razones que podemos revertir. O al menos intentarlo.

-¿Por ejemplo?

-Impuestos forzosos que no tienen lógica por el monto que debemos pagar: AADI -CAPIF y SAADAIC, uno no sabe dónde van esos fondos –supuestamente a los músicos- pero son fortunas, es terrible, ¡una locura! Se paga de acuerdo al rubro –“bailable”, por ejemplo- pero para describir hasta qué punto llega este delirio basta decir que a una persona que está escuchando música en su casa un inspector de SADAIC le podría cobrar. No digo que suceda, sólo para dar cuenta del disparate que debemos revertir, ya sea uniéndonos entre los privados que lo padecemos o con alguna decisión del Estado, pero se tiene que cambiar.

Otro punto son las inspecciones municipales. Y ahí es la política la que debe tomar cartas.

-¿Qué sucede con las inspecciones?

-Las sufrimos los mismos de siempre, desde hace años, porque la política es esa: inspeccionar a los mismos, todos los días. Doy fe, de nuevo, que es así en el rubro de la noche. Y a la vez está la burocracia para habilitar la primera vez. Tremenda, te piden hasta el adn de tu bisabuela cuando vino de la China Comunista. Y si te toca volver a habilitar un negocio, es carísimo.



JEFAS Y JEFES, PARA UNA SOCIEDAD MÁS JUSTA



-Vayamos a las propuestas.

-Pienso que a todo emprendedor hay que darle los instrumentos necesarios para avanzar sobre el proyecto que está generando y que no que gaste toda la energía en la burocracia. Y si la Municipalidad necesita certezas para habilitar lugares problemáticos, le digo que tiene gente joven capacitada para hacerlo, es necesario que conozcan la actualidad. ¿Un ejemplo de este desfasaje? Lo que sucede con las previas y los boliches.

-¿Cómo es eso?

-En las previas los chicos toman alcohol y en los boliches lo tienen prohibido. Los pibes pueden estar en la calle hasta cualquier hora. En los boliches no. ¿Así que son los dueños de boliches los que tienen que educar a los pibes?, ¿la familia no tiene nada que ver? Mi propuesta en general tiene que ver con que cada uno se ponga en el lugar del otro. Es lo más justo. Si no, se pone a los buenos de un lado y los malos de otro.

-Con ese enfoque, ¿se le ocurre alguna idea para aplicar en Desarrollo Social?

-Sí, trataría de generar créditos accesibles -que no ahorquen- para que en cualquier actividad–comercio, carpintería, fabricación de ropa, lo que sea- surja la posibilidad, para aquel que tiene empuje, de ser dueño de negocio. Con eso se evitan indemnizaciones, despidos y la gente entendería que cuando hay que echar a alguien no es fácil ni nadie lo hace por conveniencia sino por muchas otras razones, por lo general válidas.

-¿Qué tipo de obra o infraestructura necesita Tandil?

-A mí me encantaría, por la actividad en la que estoy, un gran salón de fiestas. Comercialmente Tandil podría encarar eventos grandes y más aún, multitudinarios como recitales que incluyan a toda la familia. Hoy no tenemos un lugar así. Y Olavarría sí. En Tandil se terminan haciendo fiestas en carpas porque si hay que hacer una mega no hay espacios donde se pueda decir “se paga más, pero la cobertura es excelente”. Tandil está en un punto estratégico del país. Nos merecemos un espacio acorde.

-¿Y en materia de políticas de género?

-No me gusta dar consejos en ese tipo de cuestiones, no soy amiga de la militancia desde ese lugar del “vayamos e impongamos”, me parece que con el diálogo se logra mucho más. Obvio que hay una cultura que tenemos que dejar atrás y que se ha logrado un montón. Pero no creo que pase por usar la palabra “todes”. Ni quiero ningún pañuelo –verde o celeste- en mi casa gritándome. Sí creo en que cada uno tenga su espacio y avance en las conquistas con respeto. Día a día. Mano a mano. Los boliches gay, por ejemplo, ¡no tienen que existir! Porque eso también es discriminación.

-¿Medio ambiente?

-Es imprescindible que se haga la separación domiciliaria de los residuos. Me parece que con eso sucede algo similar que con las infracciones de tránsito: hay que llevar adelante campañas hasta que en algún momento entre, trabajando a largo plazo. La toma de conciencia tarda mucho y me incluyo entre las que les cuesta.

-O sea que es mejor estar del lado del cliente que del dueño.

-Totalmente. Por eso no quiero ser más bolichera, por eso hoy organizo eventos y una vez por mes organizo la Fiesta de los ‘80 y estoy atrás de la barra atendiendo a la gente que conozco, con quienes tengo un vínculo. Insisto: en todos los órdenes de la vida es bueno estar de un lado y del otro del mostrador, por eso creo tanto en eso de que una misma persona pueda un día ser su propio jefe, tener un empleado y ser generador de laburo para otros. Sería una sociedad mucho más justa, más equilibrada.*

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Costumbres tandilenses



Conmovida por los problemas de salud que afectaban a un bebé- hijo de una de empleada suya en Uma Eventos- Sandra Maqueira se puso al frente meses atrás de una cruzada solidaria que al cabo de una fiesta (en la que convocó a madres y divertirse y a la vez tener un gesto solidario con el centro asistencial) y de otros pedidos de colaboración obtuvo camas, televisores, sillones y frazadas para el Hospital de Niños.

Por protagonizar esa movida solidaria días atrás recibió una mención de gratitud.

-¿Cómo se sintió con ese reconocimiento?

-Muy bien pero sinceramente no pretendía ningún reconocimiento. Las cosas hay que hacerlas sin buscar nada a cambio, de lo contrario no sirve. La conclusión a la que llego es me gustaría que la posibilidad de ayudar pueda ser un trámite más sencillo, más directo. ¡No puede ser que existan trabas hasta para colaborar!

Conseguimos el resultado que buscábamos y pudimos aportar algo, pero la contracara es que no puede ser que hasta para colaborar tengas que ser mago.

-¿Será que la acción solidaria partió de la noche, que tiene mala prensa?

-No. Es por la burocracia de siempre. Se sabe que los boliches tienen mala prensa y aunque pienso que ya no volveré a manejar boliches, siempre recuerdo a los que los critican que muchos matrimonios, vínculos, de por vida, se generaron en boliches en los que estaba y hoy en la organización de fiestas de 15 atiendo a sus hijos.

-Pero es cierto que los boliches están en decadencia.

-En Tandil. La caída de los boliches es una cuestión de modas ¡¡En Tandil! en otros países funcionan y bien porque la gente cena a las siete de la tarde y así sí funciona porque al otro día pueden cumplir con una vida normal. Cambiar la costumbre de salir tan tarde sería una pauta saludable hacia adelante, más allá de que hoy la cuestión más grave para los boliches es la falta de dinero. Si la gente dejó de ir es porque no tiene plata.*

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