15 de Octubre 2019

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Así se hizo mi empresa: Bel Mar, confeccionando uniformes en su ruta al cincuentenario

F undada el 1º de marzo de 1970 por Samuel Garfagnoli y su esposa Nilda Parsiale, Bel Mar es pionero en la confección de uniformes. En esta entrega de “Así se hizo mi empresa” –la sección que promueve la Cámara Empresaria de Tandil hacia sus socios- entrevistamos a la segunda generación de la empresa a cargo de Abel Garfagnoli y Graciela Polijronos, quienes tomaron la posta de un comercio emblemático que tiene el cincuentenario a la vuelta de la esquina.
-Lo primero es el nombre de fantasía del comercio nacido de la conjunción de los nombres de los hijos de Samuel y Nilda: Abel y Omar. Un tributo desde el vamos a la familia.
-Así es. Mis padres vinieron de Banfield en 1970. Era la época que decían que el clima de Tandil curaba el asma, entonces se vinieron para acá. Y cuando se radicaron pusieron un kiosco con venta de ropa en la calle Pinto al 100, al que le dieron el nombre de Bel Mar. Ahí comenzó todo. Mi padre traía ropa de Buenos Aires porque era de allá y acá todavía no había nada de eso. Samuel, Rubén Sport y algún comerciante más traían ropa de Buenos Aires por ese entonces. Después ya nos trasladamos al centro, a Pinto 671.
-Lo cual debe haber sido un salto grandísimo. ¿Qué empezó a vender en el local de Pinto?
-En los comienzos se vendía mucha ropa de moda. Después Samuel hizo un taller de confección y también trabajaba con talleres tercerizados, con modistas y sus talleres de costura. Así empezó entonces con la confección de uniformes, que podría ser la esencia de Bel Mar. Cuando los colegios privados iniciaban las clases, el San José y SAFA, mi madre le hacía la lista de todo lo que encargaban, y mi padre viajaba a Buenos Aires, compraba la mercadería, la traía y se volvía ir con otros pedidos. Estaba mucho tiempo viajando. Y también era tremendo lo que se vendía en ropa de moda. Tenía siete empleados y traía aquella ropa típica de pantalones anchos, todo lo que se usaba en ese momento. Igualmente, eso no lo salvó de haber sufrido varias crisis económicas durante aquellos años, la tuvo que pelear mucho. Nunca fue fácil.
-¿Hasta qué año estuvo Bel Mar en el local de Pinto?
-Hasta 1991. El alquiler le estaba siendo muy costoso y también se sentía un poco cansado. Entonces se mudó al garaje de su casa particular, en Alsina al 400, es decir donde estamos ahora, en ese rincón. Y con él se trajo toda la clientela que había hecho durante tantos años.
-La historia le va a reconocer a Samuel y Nilda el matiz pionero. Bel Mar fue el primer emprendimiento en la confección de uniformes.
-Seguramente que sí. Lo que ocurrió es que en los 80 tuvo varios sobresaltos económicos porque abruptamente cambió la moda. Él había invertido mucho en la ropa de moda de los años 70 y de golpe le cambió la moda y se clavó con una tremenda cantidad de mercadería que no la podía vender. Seguramente lo que ocurrió es que no pensó que iba a modificarse la tendencia en esa época.
-Debe haber sido un golpe muy duro.
-Lo fue. Y en el 91 se instaló aquí. Nosotros lo ayudamos a armar el negocio y ellos siguieron ya solamente con los uniformes. Samuel salía a la calle y vendía en carnicerías y mercados. Y Bel Mar quedó centrado exclusivamente en la confección de uniformes. Estuvieron cinco años hasta que se cansaron, ya eran grandes. Les daba lástima cerrar porque era un negocio con mucha trayectoria, muy reconocido, pero ya no daban más. Y nos propusieron que siguiéramos nosotros quienes hasta entonces estábamos en La Plata. Empezamos con ellos en el 98, fuimos aprendiendo y se empezaron a sumar empresas importantes como Alpamar, Monarca, y además en esos años comenzó el auge de los colegios privados que también nos dio un fuerte empujón.
-Hay algo interesante que es la identidad del uniforme de Bel Mar. Es decir, no hay que ser un experto en el tema para reconocer el estilo de la marca. ¿Dónde está el secreto?
-En la calidad de las telas y la confección que lleva nuestra impronta. Nosotros de a poco hicimos nuestro taller, fuimos entrenando, confeccionamos bien los moldes. Cuando empezamos le pusimos un aporte nuestro. Empezamos a ver qué se podía mejorar, lo que había que modificar hasta lograr una excelencia en la confección, que es algo fundamental, junto con la calidad de las telas. Uniformes pueden hacer muchos, pero no es tan sencillo. Hay que tener el ojo bien formado. Uno de los halagos más lindos que recibimos en la calle es cuando nos dicen que deberíamos hacer unos uniformes no tan buenos, porque duran muchísimo. Tienen una gran durabilidad.
-En una época donde el uniforme captó todos los rubros…
-Sí, porque además de los colegios privados abastecemos a bares, restaurantes, hoteles, estaciones de servicio y otras tantas actividades. Fueron unos años buenísimos cuando nosotros comenzamos.
-¿Y hoy cuál es el desafío?
-Hoy está complicado. Las empresas no están bien económicamente y eso se siente. Pero si tenemos algo muy claro es que la calidad no la vamos a bajar.
-Si hay algo seguro es que el cincuentenario los encontrará con la marca impuesta.
-Sí, se cumplirá el 1º de marzo de 2020. No falta nada y nos gustaría celebrarlo. La familia de Bel Mar somos nosotros dos y seis empleadas. Y las dos generaciones de clientes que nos acompañan desde tanto tiempo y a quienes siempre les agradecemos.

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