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Oscar Piagentini, 45 años
y una vida trabajando

 

Hoy la sección de la Cámara Empresaria se acerca a uno de sus socios más emblemáticos. Oscar H. Piagentini y su empresa acaban de cumplir 45 años de trabajo. Fue una de las pioneras en su rubro y se instaló en la colectora sur, al borde de la 226, cuando el lugar era prácticamente un desierto. Fue forjada a imagen y semejanza de su propietario, alguien que se reconoce como un “adicto al trabajo”. Se ganó la vida de colectivero, continuó al frente de la empresa de la familia y en épocas difíciles volvió a subirse al camión para sostener el barco a flote. Hoy está con las ganas intactas de seguir trabajando, aunque sabe, como dice entre sonrisas, que está jugando el tiempo suplementario del partido.

Atiende el teléfono, supervisa la carga de camiones, habla con proveedores y choferes, y sigue levantándose a las cinco y media de la mañana como si tuviera veinte años.

-Soy el primero en llegar al negocio y el último en irme. No cambio más, mi familia me lo reprocha, pero soy así… -dice en tono resignado Oscar Piagentini.

La empresa, fundada por su padre en 1963, nació en un pequeño local de la Avenida España. Cuando el hijo se hizo cargo emprendió la aventura de instalarse en la por entonces remotísima ruta 226, colectora sur al 400. Entonces corría la década del ’70.

-Acá no había nada, era un desierto, con decirle que si mirábamos para el pueblo se veía hasta el Parque Independencia.

-¿Y qué lo decidió a venir para acá? ¡Fue un visionario!
-No lo sé… y diga que la plata me alcanzó para comprar unos pocos lotes, si no hubiera hecho un gran negocio.

 -¿Cómo fueron las primeras épocas?
-Duras, como todo inicio. Vendíamos rulemanes, un poco de arena, algo de piedra... trabajábamos sin la tecnología actual, que hace mucho más liviana la tarea para el cuerpo. Pero a mí siempre me gustó trabajar, no puedo estar quieto. El domingo nos juntamos con la familia por el Día de la Madre y mis hijos me reprochaban cariñosamente esta cuestión. Soy lo que se llama un adicto al trabajo. El tema es que no vivimos en un país normal. ¡Usted sabe lo que sería este país si se respetaran las reglas de juego para los empresarios!

-Imagino que en 45 años le tocó pasar por todas.
-Imagina bien. Hubo épocas terribles, muy difíciles, con los gobiernos empeñados en complicarnos la vida. En la década del ochenta yo era patrón, estaba en la empresa y de golpe tuve que volver al camión. Le puedo asegurar que eso no es fácil. Volví a manejar durante casi dos años, hasta que capeamos el temporal. Los comerciantes y empresarios argentinos hemos tenido que hacer malabares para sostenernos.


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-¿Y cuál es la fórmula del éxito?
-La perseverancia, el no derrochar, el saber hasta dónde puede dar uno…

-¿Hay más competencia ahora que antes?
-Sí, porque la ciudad explotó, en la construcción tuvo un crecimiento desmesurado. No tiene nada que ver con el Tandil de aquellos años.

 -¿Le gusta el crecimiento de la ciudad o cree que habría que planificar y ponerle un tope?
-A mí como tandilero de los de antes me gusta el otro Tandil, el más chico y seguro. Pero la realidad es lo que hay, lo que tenemos, y contra eso no podemos hacer nada. De todas formas vivimos en una ciudad espectacular, con una economía pujante, que tiene en el campo y la industria a sectores líderes. Tandil está espectacular y eso quizá nos ayude un poco más ahora que ya está instalada la recesión.

http://www.latandilura.com.ar/fotos/notas/20081021PIAGENTINICARA.jpg-¿Lo nota en lo suyo?
-Sí, empezó con el tema del campo y siguió con la crisis global y esto del dólar que inquieta a la gente... Hay recesión y es una pena. Nosotros desde el 2005 hasta entrado el 2008 crecimos mucho. Ahora hay que estar preparado para otra cosa.

-¿Lo suyo siempre estuvo en el rubro de corralón de materiales?
-No… Yo fui colectivero, fundé la línea marrón allá por los cincuenta. Y no sabe la plata que hacíamos… ¡Entonces a la noche los vecinos no tenían más que el colectivo para volver del trabajo! Cortábamos 400 boletos diarios, una locura. También quise poner un crematorio, hace mucho tiempo, pero aparecieron trabas por todos lados. Fui hasta Mar del Plata para interiorizarme del negocio.

-¿Cuántos empleados tiene?
-Seis.

-O sea que usted conduce una Pyme.
-Exacto. Y ese es el espíritu que se va a conservar hacia el futuro. Yo sé que por mi edad estoy jugando los últimos minutos del partido, tengo a mi esposa Marta que me acompañó en todas, que es un pilar para nosotros, y tengo a mi hijo al lado mío en el negocio que es una garantía. Por eso la empresa seguirá siendo un capital de la familia.

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