18 de Septiembre 2018

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Daglio: tradición e innovación de una marca registrada en la Avenida Colón

L a sección “Así se hizo mi empresa” –que procura trazar una biografía del emprendedorismo local impulsada por la Cámara Empresaria- entrevista hoy a Marcelo Daglio. Cuatro generaciones para una firma nacida bajo la inspiración de Aníbal Juan Daglio, quien comenzó la actividad como talabartero y tapicero.
Un pulmón de manzana de 86 metros con entrada por la Avenida Colón conformado por dos propiedades que la familia Daglio logró unir en 1987. Y la fachada de un comercio que es un clásico de la primera avenida de la ciudad. Entre los tilos y los trenes que iban y venían nació la historia de la empresa a principios del siglo pasado y se continúa hoy con el sabor de lo clásico y la vigencia de lo moderno. En la actual encrucijada que aporta el formato de la ciudad de rango intermedio del siglo veintiuno, Marcelo Daglio detalle lo clásico y lo moderno que distingue como un trazo de identidad a una empresa familiar en permanente crecimiento.
-¿Pesa el apellido?
-Y sí… Lo he sabido acomodar con los años. Tiene su peso en cuanto a que la gente te lo recuerda y te lo reconoce. También con los proveedores, amigos y clientes. Por lo tanto sí, un poco pesa…
-Repasando la historia hay que remontarse a las corrientes inmigratorias de principios de siglo veinte para ubicar al primer Daglio.
-Sí, como talabartero aparece en 1908 mi abuelo Aníbal con saberes que traía de su patria natal. También traía algunos conocimientos como tapicero para los vehículos de su época. Empezó con sus hijos y después la empresa fue mutando hacia otros titulares de la familia.
-¿Lo suyo específicamente cuando arranca?
-Desde que tengo uso de razón. Esta propiedad de Colón 1134 mi padre la adquirió en 1969 y se instaló en 1970. Antes estábamos en Colón 1026, a una cuadra. Ahí ya estaba mi padre con mi madre y nosotros que éramos chicos pero que andábamos dando vuelta por el negocio y dando una mano. Por eso prácticamente todas mis actividades escolares y toda mi vida pasaron por acá. En 1999 falleció mi viejo, la sociedad derivó a mi hermana Patricia y yo hasta el 2006 que decidimos ir por caminos separados. Y ahora estoy con uno de mis hijos al frente del negocio.
-O sea que estamos hablando de cuatro generaciones.
-Sí, ciento diez años de historia familiar…
-Cuando queda al frente del negocio, ¿con qué panorama se encuentra?
-El negocio ya había cambiado. En el 70 mi padre ya había cerrado lo que era el taller de lonería con reparación de toldos de lonas para camiones y demás. Sólo nos dedicábamos a vender por metro y cosas hechas en ese rubro. Con los años se fueron agregando cuestiones. O sea nació como talabartería, tapicería del automotor, lonería, y después se le incorporó calzado, limpieza e indumentaria. Hoy algunos rubros están de capa caída porque el mercado consumidor cambió y sigue cambiando constantemente. Antes los productos duraban diez o veinte años, por ejemplo las zapatillas Flecha o Pampero, y hoy hay productos que cambian a veces hasta en una misma temporada. Hay productos que uno los compra con mucha fe y no se venden, y otros a la inversa. Últimamente basado en el trabajo que hace mi hijo Marcelo, que viene de otra generación y con otras ideas en base a las redes sociales, también hemos posicionado el negocio no sólo en Tandil sino en la zona, donde se han incrementado los clientes. Y también esas nuevas herramientas son útiles en el testeo de los productos que la gente más requiere.
-Todo un desafío basado para una marca muy tradicional que a partir de la globalización debió entrar en la dinámica del cambio.
-Sí, es un desafío constante. Y creo que hay que tener la humildad de aceptar que no sabemos qué va a pasar mañana debido a lo dinámico del mercado. Hoy los cambios son muy rotundos. Lo que sí noto es que los productos que se han ido perdiendo ya no vuelven, y muchos de ellos ni existen en el mercado.
-¿Por ejemplo?
-Cierto modelo de calzado, o artículos como las botas de cuero para la gente de campo que antes eran muy demandados y hoy ocupan un porcentaje mínimo, incluso las prendas no son tan estrictamente para el campo o para la ciudad. Tienen un uso múltiple.
-En algún momento Daglio era la referencia ineludible de la gente del campo.
-Sí. Y creo que la base de la economía tandilense sigue siendo el campo. Nosotros conservamos muchísimos clientes de ese sector. Pero también han entrado otros sectores al juego económico. Nosotros hoy trabajamos con empresas de servicios que requieren de nuestros productos. Como somos muy fuertes en ropa de trabajo, entonces estamos ligados a un montón de empresas.
-También cuenta la importancia de Daglio como marca, ¿no?
-Sí, la marca es lo que nosotros hemos tratado de mantener a través de los años y nos da un background, como se dice ahora. Es decir, todos saben que Daglio vende productos legítimos, bien habidos y con una garantía de lo que está vendiendo. Nosotros no mezclamos marcas ni hacemos este tipo de cuestiones que están tan en el candelero hoy. Eso creo que nuestros clientes lo reconocen. Las fortalezas nuestras pasan hoy por lo que es tendencia de moda de ciertas marcas, sobre todo las que apuntan a la juventud, marcas tradicionales de deportes que se venden en todas las épocas por su capacidad de renovación. La ropa de trabajo y la venta de telas, calzado e indumentaria son otras de las fortalezas para abastecer lo que la gente hoy está pidiendo.
-¿Cambió la mentalidad del cliente?
-Antes el cliente tenía menos opciones. Era muy común ver a los padres y a los nietos comprando en el mismo lugar y hoy no es así. Nosotros seguimos manteniendo muchos clientes fieles pero en especial con la juventud hoy el cliente es mucho más volátil. Va comprando a la medida de lo que le gusta y sin importarle demasiado quién se lo ofrece. Ese es un gran cambio que veo en la sociedad en general. La venta por internet es otro de los temas, pero todavía sigue habiendo mucha gente que le gusta venir a probarse la ropa, comparar, revolver y todos esos factores propios de este comercio. Sin embargo no desconocemos que la venta por internet es un negocio que llegó para quedarse y que seguramente nos está quitando parte de la facturación.
-¿A su padre cómo lo recuerda?
-Como una persona de negocios, alguien que la luchó mucho, una persona que a pesar de su sexto grado tenía conocimientos muy prácticos en la diaria, en los cálculos matemáticos y la vida cotidiana. Yo lo tengo como un visionario, como una persona que fue el primer impulsor del cambio que fue teniendo este negocio. Vio el final del ciclo de la talabartería sumando otros rubros. A pesar de que hace veinte años que falleció, sigo recogiendo su buen nombre, el buen nombre que se ganó en la comunidad. Fue un padre de familia que la luchó. Lo vi feliz en muchos momentos y lo vi llorar en otras instancias debido a los vaivenes de la economía de nuestro país.
-Lo último, Marcelo. ¿Cuál es el desafío comercial que tiene como empresario en el presente?
-El desafío hoy es seguir manteniendo activo el negocio hasta que pueda tomar la posta mi hijo Marcelo, quien es el que me va a suceder. Estoy atento a todas las vicisitudes de la realidad actual y escuchando mucho a mi hijo para seguir haciendo crecer el negocio en mayor infraestructura, más personal y con una empresa que en su desarrollo pueda sumar algunos otros rubros.

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