18 de Julio 2019

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10x10: Guillermo Bértoli “Tengo miedo que el crecimiento se nos vaya de las manos”

G uillermo Bértoli postula un Tandil menos ruidoso a través de un cambio cultural que preserve el gran capital de la ciudad: la armonía.



“Es sencillo: cuando uno no está convencido o no sabe por qué tiene que hacer algo, no lo va a hacer”.

Lo dice el ingeniero Guillermo Bértoli, quien desde su empresa familiar levantó 15 edificios que cambiaron la fisonomía céntrica y cultor de un optimismo a ultranza del que se vale para no inquietarse en decir “no lo sé” si tiene que analizar tendencias específicas del Tandil del Bicentenario.

Ante el abordaje de temáticas sobre las que no dispone de la profundidad de un especialista, Bértoli, que condujo al Club Independiente por más de una década, prefiere limitarse a otra de sus convicciones: de cara al futuro de Tandil, más importante que los conocimientos tecnológicos o administrativos resulta “insistir, insistir e insistir” con una concientización que dispare hábitos culturales propios del desarrollo sustentable.

-¿No hay cierta tensión cuando el que habla de “desarrollo sustentable” es un constructor de edificios? Varios opinan que le han robado el sol al centro tandilense.

-Esa es otra cuestión cultural. Los edificios son necesarios: una ciudad muy baja tampoco es bueno, porque se extiende más y más, indefinidamente.

-¿La idea hacia el futuro es una concientización como herramienta para cambiar pautas culturales?

-Sí.

-Sin embargo en varias áreas, por ejemplo en Educación, las definiciones escapan al ámbito local.

-Es cierto, eso se define a nivel nacional. Ahora si yo pudiera aportar algo reuniría a los directores de las escuelas y trataría de convencerlos que desde su lugar se puede hacer una ciudad mejor. Cuando uno cree en algo y es congruente con sus actos, genera conciencia; no sé si a todos, pero sí a una mayoría. Hay ejemplos.

-A ver.

-El propio, el de nuestra empresa. Nos va bien -no lo voy a negar- pero ponemos toda la pasión y si bien trabajamos para ganar plata, hacemos cosas que no tienen que ver con el dinero, como por ejemplo las obras de arte que colocamos en los edificios, que no las pagan los futuros dueños. La pasión siempre te lleva a buscar algo distinto, impronta. Y eso no se logra con plata sino con ganas.

-La irrupción de un edificio trae consigo el disgusto por las molestias en la circulación y demás.

-Sí, y hacemos todo lo posible para minimizarlas pero es inevitable. También podríamos verlo de otro modo: cada vez que empezamos un edificio –que puede tardar tres, cuatro años- estamos abriendo una fábrica, una fábrica que cuando la obra termina se cierra, pero ya comienza a abrirse una nueva en otro lugar.

-Pese a las situaciones insalvables, ¿se puede mejorar el tránsito?

-Sin ser especialista, pienso que estaría muy bien hacer en Rodríguez lo mismo que se hizo en 9 de Julio: que puedan pasar los vehículos, pero sin estacionar. Y por qué no la misma modalidad alrededor de la Plaza. No impedir la circulación pero sí el estacionamiento. Lo que hay que corregir ya mismo es esa tendencia de estacionar en doble fila de un lado y de otro, ¡eso complica a todos! Y es una cuestión cultural.

A su vez hay que hacer las bicisendas, de una vez por todas, es lo que requiere la ciudad del futuro.


UN TANDIL GRANDE Y SILENCIOSO

Atento a cuestiones un tanto más vinculadas a su desempeño cotidiano, Bértoli considera que el rumbo de la salud pública y de la cultura marchan con viento de cola en Tandil, a tal punto que aquella última tiene un rumbo “imparable” que ha de mantenerse por largo tiempo.

Con relación al deporte plantea un mayor compromiso del Estado con los clubes para permitirles llevar adelante “su función social clave” y apunta la necesidad de quitarle impuestos en las facturas de gas y luz.

-¡Está seguro que la propia dinámica local garantiza un buen futuro ?

-No, por supuesto que eso no garantiza el futuro. Pero sí estoy convencido de que el impulso en ciertas tendencias no se va frenar. A ver, hay algo que es más fuerte que yo: siempre voy muy por la positiva. Tal vez despierte críticas por rescatar tanto lo bueno. Pero soy así y me ha dado resultados.

-¿Por ejemplo?, ¿como presidente del club Independiente?

-Sí, la virtud que aprendí cuando trabajé sin fines de lucro y junto a gente que tampoco los tenía es que uno está forzado a inducir. No servía mandar y así aprendí muchísimo, porque la misión en esos espacios es convencer de que lo que se propone es mejor para todos, no para algunos. Desde entonces comprendí que en los negocios, en la vida, en todo, siempre estás induciendo y siempre hay que inducir, no imponer.

-Hablemos de la industria tandilense. Difícil ser optimista al respecto...

-Es verdad. Han cambiado los parámetros y está muy complicada.

-¿Qué se podría hacer?

-El Estado debe ayudar a las empresas a adaptarse a la realidad. Me parece que el convenio entre la Universidad y la Municipalidad -la Agencia de Cooperación e Inversiones- es genial, porque va a ayudar a las empresas a ubicarse en el exterior y al mismo tiempo aggiornarse a los cambios tecnológicos. De cualquier manera soy consciente que Tandil va a crecer tanto que si no tenemos industria –del tipo que sea- no vamos a tener trabajo. Mi propuesta es que se junten la política y el conocimiento para favorecer a la ciudad y acompañar a los empresarios.

-¿El turismo podría ser la clave estratégica para cubrir déficits productivos?

-Es un sector estratégico, de ma nera que tampoco alcanza con dejarlo fluir, hay que estudiar, ponernos de acuerdo y definir un rumbo teniendo en cuenta que hemos pasado de un turismo popular a uno más selectivo –que trae más recursos-. Eso requiere una planificación que debe discutirse y consensuarse.

- ¿Qué prefiere: Tandil convertido en una gran urbe o un Tandil apacible?

-Quiero un Tandil grande pero no ruidoso. Si doy la imagen de un tipo demasiado medido creo que es porque en el fondo tengo miedo que ese crecimiento se nos vaya de las manos. ¿Quién no desea la armonía? Hoy Tandil es muy ruidoso y eso se puede corregir; en cualquier proyecto sustentable se toma en cuenta esa problemática, que es factible de resolver porque todo, siempre, es cultural. El mismo vecino que acá tira un papel en la calle si va a otro país ni se le ocurriría hacer eso. Es fácil de corregir. Siempre y cuando estemos convencidos.•

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El arte y la receta propia

El optimismo recalcitrante con que Bértoli visualiza el Tandil presente y futuro se sustenta en un argumento que su condición de vecino y empresario le permite definir con total certeza: “si Tandil se destaca de las demás ciudades es porque hay una sola razón que marca la diferencia, la gente, aquellos que impulsan, que emprenden, que tienen ideas, que invierten acá”.

Jubilado como ingeniero pero en plena actividad en su rol de empresario en construcciones que priorizan la vanguardia estilística, Bértoli se pregunta a los 63 años cómo es posible que aquel sencillo análisis no resulte tan evidente para la sociedad tandilense.

“Me sorprende –admite- que no se tenga en cuenta que el factor desequilibrante son aquellos vecinos que han aportado con el ejemplo. Es llamativo que no se reconozca en su verdadera magnitud a todos los que han sumado –y no son pocos- para destacar a Tandil desde el punto de vista científico, empresarial, lo que fuere, porque en definitiva esos no sólo son los mejores ejemplos hacia atrás, ¡también son el mejor estímulo para el futuro!”, insiste.

Bajo esa mirada que antepone la receta y los protagonistas locales a cualquier otra alternativa, cree se pueden hacer muchas cosas “de a poquito” e ir resolviendo cuestiones centrales como el tratamiento de los residuos y reciclados o la preservación de las sierras y otras cuestiones medioambientales.

Y como muestra de eficacia, vuelve a exhibir su propio recorrido: “en un edificio colocamos paneles solares cuando todavía no había posibilidad de inyectar esa energía en la red. No resultó fácil aprobarlo porque la ley entonces no lo permitía, pero hoy la energía en las partes comunes de ese edificio se genera con luz solar. Yo creo en ese rumbo. Algo similar ocurrió con las obras de arte de autores locales que colocamos en los edificios: en ciudades como Córdoba esa es una exigencia para aprobar los planos, pero nosotros no esperamos a que eso suceda aquí. Esa lógica es la marca que vamos a dejar. No sé cómo seremos recordados, pero creo que a través de nuestro trabajo hicimos un cambio. Y para bien”.

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