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EDITORIAL Una situacion peligrosa El conflicto latente por estas horas que involucra a la Empresa de Transportes Filardi y el Sindicato de Camioneros vuelve a colocar sobre el tapete un accionar hostil, que si bien puede contener justicia en su raíz, desalienta a los empresarios a progresar en sus emprendimientos.
Dentro del siempre complejo escenario económico social asoman preocupaciones constantes desde los estamentos gubernamentales; en primer lugar presionando con abultadas cargas tributarias que muchas veces no se corresponden a la hora de volver en obras para la comunidad. Luego existe una marcada observación del cumplimiento de leyes vinculadas al ámbito laboral que terminan conspirando contra el normal desenvolvimiento de una empresa. Por supuesto que estamos de acuerdo en cumplir a rajatabla con los mandatos estipulados, muchos de los cuales protegen a los trabajadores, pero ese control estricto debería ser para todos igual. La modalidad empleada por el Sindicato de Camioneros para dirimir sus cuestiones debe redundarle exitosamente, de otro modo no se haría tan persistente, sin embargo está medida está basada en la coerción, en el apriete, en no dejar trabajar, en quitar el único medio que tiene una empresa para generar movimiento y tener posibilidades de atender al menos sus compromisos más urgentes. Estamos de acuerdo que aquellas empresas que incumplen sus obligaciones deben ser pasibles de sanción, pero no existen organismos específicos para castigar estas conductas ? No pasará mucho tiempo para que otros Sindicatos recurran al mismo artilugio de presión –por caso el Sindicato de Gastronómicos se encuentra hostigando desde la vía pública algunos emprendimientos ligados a su rubro-. La justicia se mantiene al margen con el argumento de que los piquetes no molestan porque se encuentran sobre la vía pública, sin embargo me pregunto si impedir el derecho a desarrollar una tarea, lisa y llanamente a trabajar no es un mandato implícito en un artículo de nuestra Constitución ? No hay peor ciego que el que no quiere ver, reza el conocido refrán, todos observan esta situación como producto de un momento donde paradójicamente se destacan los derechos humanos, la vida en libertad y el pleno funcionamiento de los derechos constitucionales. Pero nadie atina a proteger a un sector -el empresario- que resulta vital para el declamado crecimiento del país. Insisto en señalar que aquellos que no cumplen con sus compromisos deben ser castigados en cualquier ámbito pero de esa cuestión debe encargarse la justicia. Aún prima la paciencia en el desarrollo de estos acontecimientos que no solo involucran a la empresa denunciada sino a sus proveedores aumentando considerablemente el perjuicio económico y licuando el legítimo reclamo hacia otros actores que en la mayoría de los casos desconocen el accionar de la empresa apuntada. Me pregunto: una conducta empresaria con similar virulencia en el procedimiento ¿Cómo sería vista por el conjunto de la sociedad y sobre todo por los organismos gubernamentales ?
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