30 de Septiembre 2014

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HECAM S.R.L: padre e hijo en torno a una misma visión

( Por Florencia Montaruli). La sección de la Cámara Empresaria nos acerca hoy a dos emprendedores unidos por algo más que el vínculo padre e hijo: Héctor Abel y Pablo Monteavaro, socios y responsables de HECAM S.R.L, una firma con casi medio siglo de trayectoria dedicada a la fabricación de válvulas de refrigeración industrial y mecanizados en serie.

En sus instalaciones de Figueroa 938 nos reciben Héctor Abel y su hijo Pablo, junto al Ingeniero y “mano derecha” de la firma Juan Sabalette. Previa recorrida por la fábrica, el quincho será el lugar ideal para, mate de por medio, comenzar a transcurrir por la historia de HECAM.

El primero en comenzar la charla es, por supuesto, el iniciador de esta historia: Héctor Abel, quien retrocede casi medio siglo en el tiempo para narrarnos los comienzos.

-¿Cómo nace HECAM S.R.L?
Héctor Abel: -En realidad, esta historia comienza aproximadamente en el año 1958, en un Tandil floreciente, repleto de trabajo gracias a Metalúrgica, Ronicevi, la Base Aérea y Talleres El Brazo, entre otros. Por ese entonces Tandil producía todo, lo que pedías, Tandil lo fabricaba.

Yo tenía 22 años y junto a un amigo decidimos comprar un torno para fabricar distintos accesorios que estas grandes empresas requerían. Armamos una Sociedad de Hecho que duró unos tres meses. Nada. Como no funcionó la disolvimos y yo decidí continuar por mi cuenta.

Así abrí mi primer local por cuenta propia en la esquina de Montevideo y 9 de Julio y comencé a producir mis propias piezas. Estaba atento a la demanda de las grandes empresas y entonces, en poco tiempo, comencé a proveer a Metalúrgica y Talleres El Brazo. Todas las piezas las realizaba con un solo torno que tenía. Por suerte fui progresando y al tiempo ese local me quedaba chico. Cuando ya no entraba nada más decidí ampliarme y aproveché un remate de lotes que se hacía en esos días. Así conseguí mi primer terreno, en esta calle Figueroa, que en esa época era prácticamente la principal vía de acceso a la ciudad para quien ingresaba por esta zona, recuerdo que la calle no tenía cordón. En ese terreno construí el primer galpón. Así comenzaron a llegar más clientes, el “boca a boca” dio su resultado y en poco tiempo logré afianzarme como uno de los proveedores principales.

-Todo un desafío posicionarse así, con tanta firmeza y convicción.
Héctor Abel: -Creo que lo fundamental fue trabajar siempre con respeto por el cliente y por el proveedor. Ese es el pilar.

-¿Y cuándo se incorpora su hijo Pablo a la actividad?
Héctor Abel: -Fue en el año ’90. Pablo estaba estudiando en La Plata, y decidió dejar los estudios. Entonces, se vino de vuelta a Tandil y al otro día ya estaba trabajando en la fábrica.Formamos primero una Sociedad de Hecho y con el tiempo una Sociedad de Responsabilidad Limitada. Nos hicimos socios padre e hijo, y continuamos trabajando con la misma firmeza que yo ya traía, procurando incorporar más clientes y mejorar nuestros productos, que por ese entonces se basaban en los accesorios de tapas para cilindros.

Así construimos un segundo galpón y trajimos el Torno a Control Numérico, una novedad por esos días y que Pablo aprendió a manejar a la perfección. Ese torno nos permitió fabricar nuevas piezas, una de las cuales fue clave en el crecimiento de la empresa: se trataba de una válvula de refrigeración que nos solicitaba un cliente de Mar del Plata. Comenzamos a fabricarla, nuestro cliente estaba contentísimo y nos pedía cada vez más cantidad de piezas. Pero la verdad es que no teníamos ni idea cual era la utilidad específica de esa pieza.

-¿Y por qué fue fundamental esa pieza?, porque hoy es una de sus principales producciones.
Héctor Abel: -Un día, en el año 2001, este cliente de Mar del Plata llegó hasta aquí proponiendo vendernos su empresa. El quería retirarse ya de la actividad e irse del país. La cuestión es que sólo nos la vendía a nosotros. A nadie más.
Entonces esa misma tarde nos sentamos con Pablo y pensamos qué hacer. Y decidimos comprarla. Decidimos ver más allá y apostar a crecer y seguir adelante.

-Justo en el año 2001, una época especial para hacer negocios. ¿Cómo les fue con la crisis que explotó en ese entonces?
Pablo toma la palabra y nos acota: -Fijate que este señor vino dos o tres días antes de que estalle todo el problema en el país, a mediados de diciembre, es más, el 20 de diciembre yo lo llamé porque no estábamos seguro sobre lo que iba a suceder y él me contestó “lo dicho, dicho está, no se preocupen, que no van a tener problemas”. Y así fue, de a poco, le pagamos toda la compra y nos mantuvimos estables.

-Con la empresa en marcha, llegó el momento de continuar produciendo entonces.
Pablo: -Y sí, así nos transformamos en fabricantes de válvulas de refrigeración industrial. Al día de hoy, desde aquel 2001 llevamos unas 24 mil válvulas fabricadas y vendidas. Lo primero que hicimos fue ponernos en conciencia de que esas válvulas que estábamos fabricando tenían algunos defectos, había cosas para mejorar, y decidimos emprender esas mejoras. Entonces contratamos al Ingeniero Juan Sabalette para lograr la Certificación ISO, y lo conseguimos. Esto nos permitió organizarnos, tener un mayor control, y por supuesto, un cliente más satisfecho. Hoy nos basamos en el objetivo de un trabajo tendiente al defecto cero, comprometiéndonos y comprometiendo a todo nuestro personal para ello.

Hoy gracias a las ISO exportar para nosotros es algo casi cotidiano. Estamos muy contentos por ello, antes era impensado para nosotros. Participamos en varias de las Misiones Comerciales impulsadas por el Municipio, quien siempre nos apoyó y acompañó en estos emprendimientos.

-¿Y se especializaron sólo en estas válvulas?
Héctor Abel: -¡No!, siempre continuamos fabricando a la par las piezas con las cuales yo inicié esta empresa.

-Y desde aquellos comienzos al día de hoy. ¿Cuál es el secreto del éxito?
Héctor Abel: -Tener la cabeza puesta en el trabajo, tener ganas de trabajar, premeditar cada paso a seguir. Tener los pies sobre la tierra. Y querer lo que uno hace. No me imagino cuándo voy a dejar de trabajar, porque es una relación amorosa con este trabajo.

Actualmente tenemos once empleados, y todos ellos con el mismo interés en su trabajo.


-¿Y el futuro?
Pablo: -el futuro lo veo bien, muy bien. Hemos invertido mucho para el futuro. Estamos trabajando a largo plazo y confiados porque damos pasos seguros y firmes. Si mi papá en 50 años hizo tanto, yo no puedo apresurarme. Tomo su ejemplo, tomo el concepto del trabajo personal, de ser un operario más de la fábrica.

La frase final de Héctor Abel resume toda aquella historia, todo ese empeño y esas ganas de crecer puestas al frente de un emprendimiento: “Creo que vamos a seguir muy bien, para adelante. Yo siempre digo: si no se las gané, se las empaté”.

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