30 de Septiembre 2014

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Cien años acopiando los sueños de los productores tandilenses

L a oficina de la firma acopiadora de cereales invita a presagiar lo que será un viaje en el tiempo: los infaltables objetos de la tecnología actual, celulares, una PC, se entremezclan con fotos en blanco y negro y recuerdos que inmediatamente toman vida en palabras de quienes hoy nos reciben: Ángel, Miguel y Marcos Redolatti. Tercera y cuarta generación del apellido fundador respectivamente. Y un siglo de historia para contar cómo se hizo esta empresa.

Cien años acopiando los sueños de los productores tandilensesP.A.M Redolatti e Hijos es una sociedad familiar dedicada actualmente al acopio de cereales y a la producción agrícola y ganadera en Tandil y la zona. En la ciudad tiene sus oficinas en calle Chacabuco 678 y la planta principal de acopio se encuentra a 80 kilómetros de aquí: en Estación “La Negra”, Partido de Necochea, junto a otra planta ubicada en Quequén. Tienen participación en el capital de la sociedad las familias de Esther Redolatti de Osa, Alicia Copello de Redolatti, Héctor Miguel Redolatti, María Delia Redolatti de Goyogana, Horacio y Gustavo Redolatti. Los integrantes de la familia dedicados a administrar la sociedad son Héctor Miguel, Oscar, Angel Miguel, Gustavo, Marcos y Susana Redolatti, con la colaboración de Miguel Redolatti como ingeniero agrónomo y Ángeles Redolatti como médica veterinaria. Cuentan con 25 empleados distribuidos en sus distintas plantas de acopio y las tareas propias de la producción agropecuaria.

La firma lleva el nombre en honor a los hermanos Pedro, Ángel y Martín, quienes nunca imaginaron que sus iniciales pasarían a la historia cuando en 1908 decidieron fundar el Almacén de Ramos generales “La Argentina”.
-¿Cómo nace P.A.M Redolatti e Hijos?
-La empresa nace en 1908 en la Estación de Trenes llamada “La Negra”, ubicada en el partido de Necochea, donde los tres hermanos deciden abrir un Almacén de Ramos Generales llamado “La Argentina”. Paralelamente, comienzan a arrendar campos. Pedro era el hermano mayor, él era italiano y había llegado al país luego de que su padre arribara un tiempo antes.
El apellido ya presagiaba que se trataba de inmigrantes, de aquellos que llegaron a la Argentina en las primeras décadas del siglo XX, buscando una vida mejor. Ángel Miguel lo confirma, y su posterior narración demuestra que trabajaron arduamente para mantener a sus familias y crecer en un lugar que poco a poco comenzaba a sentirse como propio.
-Al poco tiempo ya tenían tambos y en 1912, aproximadamente, instalaron una fábrica de quesos que pronto creció gracias a las exportaciones a México, Estados Unidos, Italia y Holanda.
Lo que primero fue una sociedad familiar, continuó expandiéndose. Así, en 1937 se constituye como S.R.L y en 1954 como se la conoce hoy: una Sociedad Anónima que contiene a una de las familias más tradicionales de Tandil. Los años fueron transcurriendo para esta empresa, y también para los tres hermanos: Pedro muere en 1951, Ángel cuatro años después. Pero para ese entonces, la idea de empresa familiar ya era más que un hecho: sus descendientes ya trabajaban en ella y tomaron las riendas. Durante años la empresa fue administrada por Guillermo y Oscar Redolatti, con el apoyo de Héctor Angel, Jorge y Ricardo Redolatti.

-¿Cómo continúa la empresa luego del fallecimiento de sus fundadores?
-La fábrica funcionó hasta 1964, cuando ante el planteo de mecanizar los tambos, que eran manuales, decidieron abocarse a los otros dos rubros que también desarrollaban: el ganadero y el agrícola. Hacia los años ’80 comienza a desarrollarse el acopio de cereales con la construcción de una planta en el campo de “La Negra”, que prosperó gracias a una muy buena campaña agrícola. La empresa entonces decide hacer hincapié en la parte comercial, brindando distintos servicios a terceros. El crecimiento fue continuado y en el año 1989 se adquiere una planta de acopio en la zona del Puerto de Quequén y se alquilan algunas plantas ubicadas en Claraz y Juan N. Fernández.

Cien años acopiando los sueños de los productores tandilensesLa conversación se hace cada vez más amena. De pronto, y casi sin querer, los primos comienzan a traer a la memoria sus recuerdos familiares, esos que, si bien tienen que ver con la historia de su empresa, forman parte de su historia personal. Los actuales protagonistas, Marcos y Ángel Miguel, vivieron su infancia en “La Negra”, concurrieron a la escuela rural de la zona. Ángel Miguel aún recuerda el tren. Marcos, que es más joven, no, pero sí habla con cariño del club, de su escuela, de la casa del policía.
-Ahora no ha quedado nada de eso –cuenta Marcos– sólo están los empleados de la firma. Convengamos que la movilidad actual ha hecho que ese tipo de vida se pierda-.
-¿Una vida de campo mucho más social?
-Sí, era toda una comunidad en torno a “La Negra”. Ambos tenemos los mejores recuerdos. Es por eso que cada dos años, todos nos juntamos allá o aquí en Tandil – narra orgulloso Marcos.
-¿Y desde qué momento la empresa toma contacto con la ciudad de Tandil?
-Desde las primeras épocas. Cuando la familia iba creciendo, era necesario instalarse en Tandil para que los hijos pudieran seguir estudiando. Antiguamente todo lo administrativo se realizaba en el campo. Hoy está repartido: esta misma oficina donde estamos en este momento se encuentra también en “La Negra”. Y esto es así gracias a la tecnología y al crecimiento que permite que se trabaje en ambos lugares –agrega Ángel Miguel.

Quienes están hoy al frente de P.A.M Redolatti se definen como representantes y herederos de una familia conservadora, con una política centrada en estar siempre del lado del productor, tratando de sostener una relación duradera, mirando no simplemente el negocio, sino el contacto con el productor a largo plazo. Tal es así que ellos, hoy, saben que deben inculcar en sus hijos ese concepto de adherir al realismo pragmático. “No dar pasos más allá de donde uno puede”, define el mayor de estos dos primos.

Finalmente, ante la pregunta de qué le ha dado a Tandil esta empresa, afirman seguros y convencidos que P.A.M Redolatti e Hijos ha generado participación en todos los sectores de la ciudad y presencia continua. Destacan el compromiso de la firma con la sociedad, tanto en “La Negra” como en Tandil, situación que en épocas de crisis, suele perderse en pos de la protección de la empresa, pero que los Redolatti han mantenido a lo largo de estos cien años. Y las últimas palabras de la entrevista con Marcos y Ángel Miguel lo confirman: “no hablamos de empleados, hablamos de una gran familia, y somos conscientes de ello”.

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