30 de Septiembre 2014

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Helados Iglú

D el abuelo al nieto, una historia de familia.
La sección de la Cámara Empresaria hoy luce una de sus empresas más emblemáticas en el rubro heladerías de Tandil: Iglú, una historia de familia.

Helados IgluLa empresa que hoy visitamos, tiene un punto en común con la familia que la lleva adelante desde hace más de 30 años: el origen italiano. Helados Iglú nos abre sus puertas para contarnos una historia que comenzó en Córdoba y se trasladó a Tandil. Y el encargado de narrarla es Sebastián Alewaerts, quien hoy, junto a sus padres y su hermana lleva adelante este patrimonio.

Sebastián es nieto del fundador de Helados Iglú, Fulton Ángel Fiorini, quien en 1970 decide abrir junto a su cuñado Antonio Bainotti, una fábrica dedicada a la elaboración de cremas heladas.




-¿Cómo nace Helados Iglú?

-Nace en manos de mi abuelo, que debo decir que era realmente un emprendedor y un visionario. Él, junto a su cuñado, fundan en la ciudad de Córdoba, en el año 1970 una fábrica dedicada a la elaboración de cremas heladas, que eran comercializadas en el mismo local. La sociedad se disuelve más tarde y mi abuelo, que decide venir a Tandil, continúa con la actividad instalando una fábrica artesanal de helados en el año 1976, que estaba ubicada en Rodríguez 477. Ése es en definitiva es nuestro primer local, el que está frente a la Plaza Independencia.

-Recién decías que tu abuelo era un emprendedor y un visionario. ¿Por qué lo ves así?

-Porque siempre hizo de todo, comenzó muchas cosas nuevas. Fue sastre, luego se dedicó a la comercialización de heladeras y cámaras frigoríficas marca Robimar y, finalmente, contagiado un poco por su cuñado, comenzó con un sueño que se transformó en esta empresa en la que hoy estamos.

Sebastián, quien habla con mucho orgullo de su abuelo, cuenta además que al poco tiempo de instalar la heladería en Tandil, comenzó a comercializar las cremas heladas en las ciudades vecinas, iniciando así lo que hoy son las franquicias.

-¿Tu abuelo tuvo algún maestro, o alguien que lo guiara en la fabricación de helados?

-Como te dije, mi abuelo era totalmente emprendedor, si bien algo ya traía desde Córdoba, aprendió básicamente practicando, equivocándose por supuesto, y aceptando consejos de proveedores. Pero más que nada consiguió darle la impronta al producto gracias a la práctica con la cuchara.

Toda una familia al “pie del cañón”

-¿Cómo continúa la historia una vez instalada la marca?

-En el año 1978 mi abuelo adquiere la propiedad de Montevideo al 400, convirtiéndola en fábrica, que sigue hasta el día de hoy como tal, y quedando el local de Rodríguez como boca de expendio. Mi abuelo siguió trabajando siempre al frente, pero con toda la familia. Incorporó a mi abuela, Nelly, y a su hija, o sea, mi madre, Mónica Beatriz Fiorini, quien ha estado durante todos estos años siguiendo los pasos de la fabricación de los helados. Creo que ha sido un poco el “pulmón” de toda esta empresa.

Y con los años, nos incorporó a mi hermana y a mi.

-¿Qué recuerdos tenés de aquellas épocas?

-Recuerdo que desde muy chicos mi abuelo nos hacía trabajar en el verano a mi hermana y a mí en la heladería. En su momento no nos gustaba nada, imaginate: cuando todos tus amigos están de vacaciones, ¡vos estás dentro de la heladería!. Pero hoy estamos enormemente agradecidos, porque aprendimos todo el proceso de elaboración, desde lo más básico, desde la limpieza al proceso específico, aprendimos todas las cuestiones que hacen a la heladería, e incluso hoy, seguimos trabajando con muchos de los empleados que estaban cuando yo era chico, lo cual es muy significativo.


El paso de los años y el continuo crecimiento

Fulton Fiorini estuvo a cargo de la fábrica hasta su enfermedad, en 1995, falleciendo en febrero de 1996. En ese momento toman las riendas de la empresa su hija Mónica junto a su marido Felipe Alewaerts y de a poco Sebastián, nuestro entrevistado, y su hermana comienzan a tener cada vez una participación más activa.

-Después del fallecimiento de tu abuelo, ¿cómo continúa la empresa?

-Como te decía, mi mamá se hace cargo de la empresa y luego se suma mi padre, quienes toman las riendas y comienzan a incorporarnos a nosotros en las cuestiones cotidianas de la heladería. Mi abuelo falleció hace doce años pero nosotros mantenemos intactos los principios, las ganas de progresar con la marca y los productos, que creo que es lo que en definitiva nos ha permitido perdurar y mantenernos así a lo largo de los años.

Ganas de progresar con la marca y los productos parece ser la clave. Y los ejemplos lo demuestran: actualmente, Iglú cuenta con once locales de venta al público, de los cuales dos son propios. Trabajan con servicios de catering y eventos, y tiene presencia además, en 26 localidades, que son abastecidas mediante el sistema de franquicias. Fieles a los principios del abuelo, su búsqueda continua se centra en producir helados que superen las expectativas de los consumidores, acompañándolos en sus momentos especiales, esos que ameritan ser compartidos con una crema helada.

Helados Iglu-¿Cómo ha ido adaptándose Iglú a los cambios en la sociedad tandilense?

-Tratando de mejorar día a día, y creo que a la vez, nosotros mismos introducimos cambios en los tandilenses: fuimos los primeros en tener una heladería abierta en invierno, cosa que parecía una locura total, pero que aunque hoy cuesta, se ha ido convirtiendo en una costumbre para el tandilense. Introducimos también la línea de helados para celíacos y diabéticos, generándole la posibilidad de disfrutar de una crema helada a quienes padecen esas enfermedades. Creo que esa es la manera en la que nos fuimos adaptando. Además, tratamos de ofrecer en un solo local todos los productos, desde el cucurucho hasta el postre helado, pasando por el palito, la tacita, en fin, productos que quizás comprarías en un kiosco o en un súper, nosotros los tenemos en la heladería. Siempre por supuesto, apuntando a mantener la calidad del producto como primera condición.

-¿Y en la cuestión tecnología?

- Siempre hemos ido incorporando nuevas tecnologías, conservando la relación precio – calidad. Pero creo que, además de la tecnología, mucho depende de gente que trabaja, de la “mano” que tenga para el helado. Hasta quien lo sirve forma parte de esa química que disfrutará el cliente cuando lo consuma, no alcanza solo con la tecnología.

El futuro, en manos de toda la familia

-Finalmente, ¿cómo imaginás el futuro de la empresa?

-Con muchas ganas de seguir creciendo. Hoy contamos con 35 empleados entre la fábrica y los dos locales propios. Si bien es un orgullo, también es una responsabilidad, porque implica hacer las cosas bien, ya que hay 35 familias detrás de todo esto, más toda la gente que nos acompaña, ¿no?. Pero fieles al espíritu emprendedor seguimos para adelante, buscando nuevos mercados, y como ejemplo te puedo contar que hemos abierto cuatro nuevos locales en distintas ciudades.

-Una tremenda responsabilidad, no sólo en cuanto a la cantidad de trabajo, sino en mantener la tradición y el apellido bien arriba…

-Sí, es una gran responsabilidad, pero como te dije, estoy muy orgulloso, estamos en la familia muy orgullosos, y agradecemos siempre al espíritu visionario de mi abuelo. A pesar de los años, Iglú y su tradición continúan completamente en manos de nuestra familia.

Familia, esa es la palabra clave en esta historia. Un abuelo emprendedor, ganas de crecer y toda una familia trabajando a pulmón. Eso es Helados Iglú.

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